lunes, 28 de abril de 2014

“Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan”. Colectivo AYNI frente a la elección de nuevo Rector en la UTA.


Arica Marka, 27 de abril de 2014.

La semana pasada, el jueves 24 de abril, se llevo a cabo el proceso eleccionario para escoger al nuevo Rector de la Universidad de Tarapacá, dada la renuncia de quién hasta hace pocos meses decidió optar  por el cargo político de Intendente de la Región de Arica y Parinacota, don Emilio Rodríguez Ponce, respaldando así al Gobierno de La Nueva Mayoría, presidida por Michelle Bachelet. Del presente acto resultó electo el Dr. Arturo Flores, quien en un curioso proceso, más parecido a un “plebiscito” cerrado y de castas que a un proceso verdaderamente democrático (dado el hecho que fue el único candidato a rector), gobernará la Universidad por un periodo de cuatro años (2014 - 2018).

Como Colectivo AYNI no podemos sino expresar que, una vez más, y a la luz de todos(as) nosotros(as), queda en evidencia la herencia cultural y política de la dictadura militar, representada hoy en un proceso carente de apertura democrática -siquiera en términos de una discusión genuina entre académicos, trabajadores y estudiantes-, en espacios regionales y públicos como éste. Las reglas y normativas impulsadas por viejo régimen, canalizadas institucionalmente en términos ministeriales por los decretos con fuerza de ley Nº2 y Nº150, que prohíben y anulan la participación de estudiantes, funcionarios no académicos, y de casi la totalidad de la comunidad universitaria en este tipo de procesos eleccionarios, deja manifiesta su actual vigencia institucional y política, y por si esto fuera poco, la escasa promoción de un debate abierto que permita aunar posiciones entre estudiantes, académicos y trabajadores ante un acontecimiento tan importante como lo es la conducción del futuro Gobierno Universitario, nos permite sospechar que hoy, a la luz de los hechos, existen personas a las que parece acomodar el actual estado de cosas (o por lo menos, después de casi veinticuatro años de transcurrida la dictadura militar, no han hecho nada por cambiarla).

En un contexto político a nivel nacional en el que la discusión sobre Educación gratuita y de calidad se ha abierto, tanto desde la sociedad así como desde la institucionalidad estatal, en términos de promover el fortalecimiento de la educación pública, extirpando el nefasto lucro de los empresarios en el sistema educativo, y además, en el que las autoridades ministeriales nacionales y regionales han manifestado su intención de llevar a cabo dichos anhelos del la ciudadanía (aunque hasta la fecha nadie sabe cómo ni de qué forma se va a llevar) como proyectos pilotos en las regiones extremas -tal es el caso de la XV Región de Arica y Parinacota-, nos parece grave que no exista pronunciamiento alguno sobre uno de los aspectos claves en cuanto a gestión del rol público de los establecimientos educacionales, como la UTA por ejemplo: La Democratización de las Universidades.

Pensar la Educación en términos de gratuidad y calidad, pero sin democracia, nos parece un contrasentido tremendo, solo digno de las consignas y pensamientos decimonónicos del despotismo ilustrado; “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. No puede haber verdadero cambio si no se toca en los cimientos la gran herencia cultural y política que nos dejara Pinochet (y es justo decirlo: promovida posteriormente por los Gobiernos de la Concertación, tanto a nivel nacional como regional), pues tenemos la profunda convicción de que sólo ocurrirán las grandes transformaciones, sino nacionalmente, por lo menos en el ámbito local, si el grueso de la comunidad es partícipe de los mismos, o sea; si los estudiantes, los pobladores, los trabajadores, los ciudadanos del mundo popular, etc., suman a dicho proceso sus anhelos, sus sueños y aspiraciones, en un sentido colectivo, al alero de un nuevo proyecto educativo.

Los hechos ocurridos recientemente en la Universidad nos permiten advertir la necesidad de posicionar la discusión sobre la Democratización de nuestros espacios de estudios (para llegar a la necesaria discusión sobre Co-Gobierno Universitario), cuestión de la que como Colectivo nos hemos hecho cargo al promover dicho debate en nuestros Talleres de Autoformación Política -abiertos a todos(as)los(as) estudiantes, y al público en general-, no obstante que asumimos y advertimos la necesidad de que estos esfuerzos sean mucho más redoblados por parte del estamento estudiantil, y en un sentido amplio, por todos(as) quienes hagan suyos(as) los principios de las Reformas Universitarias Latinoamericanas(1918 - 1968).

Saludamos a las Facultades, Escuelas, Carreras en general, que han expresado su descontento frente al actual estado de cosas en la Universidad, y hacemos un llamado al resto de la comunidad Universitaria a pronunciarse frente a los acontecimientos recientes de elección de Rector. Creemos necesario y urgente que las asociaciones colegiadas y federativas se pronuncien al respecto, pero por sobre todo, que promuevan dinámicas que canalicen la discusión, el debate, el sentir estudiantil frente a estos hechos, a fin de conducir nuestra acción colectiva hacia una lucha que nos permita vencer a la herencia cultural y política de Pinochet. La Federación de Estudiantes de la Universidad de Tarapacá, las asociaciones de trabajadores y académicos, tienen un rol clave que cumplir en todo esto, y esperamos que (a diferencia del silencio pasivo que han mantenido algunas de ellas) hoy estén a la altura de los nuevos tiempos.

Demora aún el día en que podamos decir al país que contamos con “…una vergüenza menos y una libertad más…” en nuestras Universidades, como dijeran nuestros(as) compañeros(as) estudiantes de 1918. Pero ante las tiniebla que envuelve actualmente nuestra casa de estudio, es necesario asumir la lucha histórica de nuestros(as) hermanos(as) latinoamericanos –la lucha por la democratización de las universidades- para devolver estos espacios verdaderamente abiertos al pueblo. Hasta ahora “…los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan…”, pero ya llegará el día en que la dignidad de los estudiantes superará la aberrante herencia de los tiempos siniestros y dictatoriales del pasado.


¡Arriba los(as) que luchan!

lunes, 14 de abril de 2014

Talleres de Autoformación Política del AYNI.

Batallar desde las ideas es también batallar por la recuperación del sentido común. Frente a la ideología capitalista y neoliberal que naturaliza la explotación y la dominación del pueblo, la izquierda anti-capitalista dice: AUTOEDUCACIÓN y AUTOFORMACIÓN POLÍTICA, desde nosotr@s y para nosotr@s.


El Colectivo AYNI te invita a participar de los “Talleres de Autoformación Política” a realizarse todos los miércoles del mes de abril (partiendo desde el 16/04/2014), hasta los primeros días de mayo, a las 19:30 hrs. en la Sala 121 (Hall Central, Facultad de Educación y Humanidades, UTA), con el fin de establecer, desde una posición horizontal y abierta a compartir múltiples visiones desde la mirada de los oprimidos, un espacio de discusión, de debates críticos, constructivos y propositivos, desde la izquierda, capaz de establecer lineamiento comunes para nuestras luchas presentes y futuras.

Los talleres a impartir son los siguientes:


Taller 1: EDUCACIÓN POPULAR Y LA DISPUTA DEL CONOCIMIENTO, UNA HERRAMIENTA PARA TRANSFORMAR LA REALIDAD (Miguel Maugard Bravo).

Taller 2: REFORMA UNIVERSITARIA Y MOVIMIENTO ESTUDIANTIL EN LATINOAMÉRICA Y CHILE. (Daniel Soto Tancara).

Taller 3: MEDIO AMBIENTE Y MOVIMIENTOS SOCIALES (Juan Jofré Cañipa).

Taller 4: PROBLEMÁTICAS DEL GÉNERO: PERSPECTIVAS DESDE EL FEMINISMO (Massiel López Rojas).

Foro 1: UNIDAD DE LOS QUE LUCHAN (por confirmar).

Foro 2: ASAMBLEA CONSTITUYENTE Y LA VÍA POPULAR (por confirmar).



Te invitamos cordialmente, esperando tus ideas, tus visiones, tus ganas de luchar y construir.

¡Arriba l@s que luchan!

viernes, 21 de marzo de 2014

Declaración del Colectivo AYNI sobre la "Marcha de todas las marchas".

ARICA MARKA, 21 de marzo de 2014.

Como Colectivo AYNI nos sumamos a la movilización denominada “La Marcha de todas las marchas” convocada por organizaciones sociales hermanas que luchan junto a nosotros  acá en Arica, haciendo eco de una expresión que recorre a lo largo y ancho de todo Chile clamando por justicia, dignidad e igualdad para nuestro(s) pueblo(s). La convocatoria a nivel nacional, dentro de todas las demandas existentes, ha realzado una en particular que muy probablemente aglutine a todas las demás juntas: La necesidad de generar los cambios estructurales del país mediante una Asamblea Constituyente. Sin embargo, a este respecto, como Colectivo quisiéramos hacer la siguiente salvedad para referirnos a la cuestión de la Constituyente:

-          Considerando la necesidad de establecer una Asamblea Constituyente como el camino que debe atravesar nuestro pueblo para conquistar sus demandas sociales (a diferencia de otros que creen que  con una simple “Nueva constitución”, sin importar su origen, se soluciona todo), creemos que esta debe ser, a per se, democrática, abierta y directa. No puede ser concebida bajo el arbitrio oficial que hoy rige en las leyes del Estado actual, porque estás leyes no son del pueblo; son de los explotadores. La asamblea debe ser la expresión de máxima soberanía del pueblo; por lo tanto, los enemigos de éste (los que han saqueado los recursos naturales del país, los que han robado nuestra riqueza al amparo de las leyes, sus partidos políticos, y la constitución que los protege, etc.) no pueden tener representación en ella. La trampa de la Constituyente secuestrada en el Parlamento, cuya clase política maneja a espaldas de la ciudadanía, traicionándonos como tantas veces lo han hecho, no debe ocurrir bajo ninguna circunstancia. La asamblea Constituyente será abierta y de cara al pueblo, o no será. La Constituyente será democrática y popular, o no será.

-          Sabemos lo que significa luchar porque en las calles hemos dejado el sudor y la sangre propia. La lucha por la Educación gratuita así lo ha demostrado durante años: nuestros mártires (Menco, Gutierrez, etc.) así lo atestiguan. Por tal motivo, la Educación es un punto importante que prioriza nuestras fuerzas, en tanto que ésta es también parte relevante del soporte ideológico del actual sistema capitalista chileno. No basta considerar a la Educación como un bien de consumo. Por lo tanto, no basta analizarla sólo desde la perspectiva de la gratuidad o lucratividad. Gratuidad sin Democracia es seguir reproduciendo el mismo modelo educativo y mercantil, solo que gratuitamente. Cuando decimos educación gratuita y democrática estamos pensando en los hombres y mujeres del futuro con acceso libre a ella, en los trabajadores y trabajadoras que con sus propias fuerzas construirán desde abajo el porvenir de nuestra patria. Si la Constituyente requiere de un “nuevo ciudadano”, la Educación será nuestra herramienta estratégica de lucha y emancipación.

-          Por estas mismas razones, nuestras demandas articuladas a nivel local como pobladores del extremo norte de Chile, no pueden entramparse en peticiones que a la larga nos sigan haciendo dependientes de la estructura centralista y burocrática del régimen neoliberal. El Centralismo que tanto daño nos ha hecho como habitantes de Arica es una expresión más de todo el modelo capitalista que acapara sus recursos en las grandes metrópolis y sobreexplota a las periferias. El así llamado “olvido de Arica” es una expresión más de este salvaje modelo económico y político que expolia la fuerza  productiva de nuestra gente para luego abandonarla en la trágica penumbra de la derrota. Por tal razón, si la crisis del régimen se hace cada vez más latente,  es imperioso que nosotros y desde la periferia ariqueña y parinacotence socavemos la tumba del modelo.

A pocos días de haber comenzado un nuevo Gobierno de Michelle Bachelet, y ante un Programa de Gobierno que detrás de todo su oportunismo y populismo debela las mismas posturas ambiguas y obsecuentes al régimen, como Colectivo AYNI tenemos la profunda convicción de que sólo desde nuestra propia praxis política -es decir; la gestación de nuestras propias asambleas populares, nuestra lucha cotidiana en la calle, la solidaridad entre hermanos de clase, etc.-, podremos triunfar en la batalla por la dignidad. Sólo con fe en nosotros mismos construiremos pueblo libre y soberano.

¡Arriba los que luchan!




lunes, 3 de febrero de 2014

Colectivo AYNI: Sobre el conflicto chileno-peruano en La Haya. Una lectura crítica desde la izquierda local.


Para acceder al siguiente documento en formato PDF, ver en el siguiente link de descarga: Colectivo AYNI, sobre La Haya.



Arica Marka, 27 de Enero de 2014.


Ante la adversa coyuntura por la que hoy atraviesan los pueblos de Chile y Perú, y principalmente los pobladores ariqueños y tacneños de las respectivas zonas fronterizas, a propósito del  fallo de la Corte Internacional de La Haya, y los inminentes brotes emocionales  de chovinismo recalcitrante (patriotismo mal entendido) por los que en más de alguna ocasión se ven expuestos los habitantes de los respectivos países, como Colectivo AYNI, formado por estudiantes y egresados de la Universidad de Tarapacá provenientes de distintas partes del país, pero principalmente del norte de Chile (y como organización que hoy pretende conducir todas sus fuerzas para generar una plataforma multisectorial desde la izquierda anti capitalista), creemos muy justo y necesario, en razón de que se trata de un asunto que hoy atañe a un territorio que habitamos –nuestro norte chileno-, redactar una declaración crítica y reflexiva acerca de éste acontecer y de los caminos por los que nos han llevado las elites y las clases dirigentes que gobiernan nuestro país, desde hace ya más de cien años en esta región andina.

Ante la tónica revanchista con la que algunos dirigentes se han planteado en nuestro país, y a decir de las emociones triunfalistas y derrotistas que hoy transitan por Perú y por Chile, nos parece que, como izquierda posicionada en estas áreas periféricas, es necesario establecer un juicio político del acontecer histórico ocurrido en esta zona, a modo de elucubrar, más allá de las ideologías patrióticas y nacionalistas (articuladas desde arriba) provenientes de los respectivos Estados-Naciones chileno y peruano, (aparatos de nuestras burguesías y clases dominantes locales en esta parte del continente), una línea crítica orientativa, y por cierto, genuina en razón de los sectores populares y clase trabajadora que conforman esta frontera. Pretendemos exponer en las siguientes páginas una visión del conflicto penetrando en nuestra historia regional republicana, particularmente desde el momento en que comienzan las disparidades entre ambos países –es decir, guerra y pos guerra  del Pacífico, vinculándonos principalmente al periodo del conflicto diplomático por Tacna y Arica- para analizar, posteriormente, las contradicciones sociales existentes en estos momentos en nuestras regiones, prestando mayor énfasis a los intereses creados por el empresariado y la burguesía imperante en ambos países para con nuestro territorio y sus recursos. Por consiguiente, nuestro fin último es, más allá de las consignas patrióticas con las que hoy algunos rasgan vestiduras, establecer una reflexión crítica respecto de nuestra rencilla histórica con la república hermana del Perú, y particularmente con nuestros vecinos tacneños, tomando partido por aquellos que el relato oficial de ambos países ha decidido omitir y/o relegar a la siempre perversa laguna del olvido, es decir, hablar desde los explotados y oprimidos de nuestra sociedad tacneña-ariqueña: los sectores populares y el pueblo trabajador.


I

Hemos de partir analizando sintéticamente el desarrollo histórico  de lo que ha significado nuestro quehacer como pueblos, en razón de todas las coyunturas y escenarios ocurridos desde el siglo XIX (periodo de la Guerra del Pacífico y comienzos de la hegemonización  chilena en éste territorio) en adelante (siglo XX y el conflicto diplomático por Tacna y Arica; siglo XXI y el conflicto en La Haya), camino que nos llevará, si somos capaces de de-construir los relatos oficiales gestados desde la mentalidad de la elite dominante, al real asunto que aquí nos importa ocupar: revelar las históricas relaciones de amistad y reciprocidad que han tenido en reiteradas ocasiones nuestros pueblos (es decir, los sectores populares que constituyen las sociedades ariqueña y tacneña) y la necesidad de las elites gobernantes por dividir nuestra hermandad a modo de poder dominar el territorio (políticamente hablando), sus recursos económicos (agua, valles, minerales, costa, etc.), y su gente (ciudadanos maleables y, a su vez, fuerza de trabajo dócil y sumisa). En este sentido, reiteramos, se vuelve una necesidad imperiosa partir por un análisis sintético de lo que ha significado nuestra historia republicana reciente, durante y después del conflicto bélico que hasta ahora nos mantiene divididos.

Pues bien, siendo conocida la importancia que tuvo la guerra del Pacífico en el espacio local ariqueño y tacneño, sobre todo por los fenómenos que provocaron parte de sus consecuencias, las principales lecturas que se han realizado a partir de este hecho bélico dicen relación con el rol protagónico del patriotismo, de la heroicidad y la consiguiente glorificación de los sujetos participes de la hecatombe, es decir: de los dirigentes que guiaron el desarrollo de la contienda desde una posición privilegiada, y no de aquellos individuos que formaron parte de una soldadesca relegada, hoy, a un plano evidentemente marginal. En este sentido, contrariamente el actual discurso nacional que emana desde el Estado chileno, el que se evidencia en las actividades públicas destinadas a conmemorar los hechos de armas del pasado cada tanto tiempo (en romerías, desfiles militares, efemérides republicanas, etc.) enfocados en figuras de determinados sujetos históricos (en su mayoría hombres provenientes de la oligarquía decimonónica), la historia social y regional reciente ha discrepado respecto de las lecturas y énfasis de estos relatos oficiales, y ha demostrado la existencia de múltiples contradicciones en cuanto a las dinámicas sociales de aquel periodo.

Concretamente, la guerra del Pacífico atrajo consigo la participación de un grueso número de la población chilena en estado de cargar armas. Bajo el alero de “la patria amenazada” se enlistaron en el Ejército, voluntaria o forzosamente, la más diversa gama de individuos, provenientes de todos los estratos sociales de la población. Sin embargo, la mayor cantidad de éstos pertenecía al campo popular: ya sea que proviniesen del mundo agrícola (peones e inquilinos), del espacio urbano (artesanado) o de sectores ligados a la producción minera (en el, por entonces, norte del país). Equipados con armamento francés y belga, y formados para la disciplinada vida militar, fueron paulatinamente instruidos en el desierto para que ante la más mínima expresión de reclamos -por el rancho, por los sueldos o por el trato de la oficialidad-, recobraran su temple obediente al servicio de la patria. 

Una vez conseguida la victoria, los “rotos” -como se les llamó a los hombres provenientes de los estratos más pobres de la sociedad chilena, a modo de establecer una distancia entre la oficialidad oligárquica y su tropa subordinada- pasaron a ser tras el triunfo, de personajes levantiscos, creadores de desordenes, indeseables, etc., verdaderos ídolos populares. A su retorno se les recibió con arcos triunfales, flores y aplausos. Sin embargo, aquello terminaría siendo sólo un pequeño momento de gloria en sus vidas. El reconocimiento simbólico no trajo consigo, en su mayoría, ninguna gratificación económica para los ex combatientes. Por tal razón, muchos terminaron en la indigencia, otros se volvieron delincuentes, cuatreros, o simplemente sobreviviendo gracias a la caridad pública. El famoso “Pago de Chile” es la expresión que, desde aquel entonces, mejor grafica dicho proceder de la clase gobernante para con sus subordinados. Sólo inválidos y deudos percibirían una pensión a partir de 1881, pero siempre equivalente a su grado militar, es decir, a su condición de clase. En 1907 algunos afortunados obtendrían un bono otorgado por una sola vez, y no fue sino hasta 1924 que se concretó una legislación previsional que albergara a todos los ex combatientes, tiempo en que la crisis de la llamada “cuestión social” ya no podía ser objetada.

En el caso particular del espacio fronterizo al que nos referimos (Tacna, Arica y Tarapacá), las relaciones sociales entre veteranos y las poblaciones peruanas y bolivianas tuvo diferentes dinámicas. Fuera de las controversias diplomáticas y de las políticas ideológicas de propaganda nacionalista gestadas desde los estados chileno y peruano, en el espacio cotidiano, veteranos chilenos contrajeron matrimonio con sus pares peruanas y bolivianas, siguiendo una constante que ya había ocurrido durante la guerra misma. No ha de sorprendernos, por ejemplo, la residencia de ex combatientes chilenos en el Perú, ni la entrega de pensiones en su calidad de viudas a ciudadanas peruanas por parte de entidades públicas chilenas, ni los funerales que realizaron veteranos chilenos a un par de ex combatientes peruanos en Copiapó. En esa misma línea, tampoco he de extrañarnos la solidaridad con la que actuaron algunos ex soldados para con sus hermanos de clase, los trabajadores, durante aquel fatídico 21 de diciembre de 1907 en la Escuela Santa María de Iquique, momento en que entregaron sus vidas no solo al lado de chilenos, sino junto a peruanos y bolivianos en su lucha por la dignidad de los sin derecho a nada, de los parias. A grandes rasgos, es evidente que las relaciones sociales en el bajo pueblo pudieron trascender, en ciertas ocasiones, la división impuestas por las ideologías nacionales provistas por la elite dominante.

No obstante lo anterior, la maquinaria estatal desplegada en el territorio pos-guerra ya dilucidaba el camino para satisfacer sus intereses económicos en la región: ya sea que se tratase de posibilitar lugares para la explotación minera, o para la producción agropecuaria, o de potenciar las ventajas comparativas del puerto como punto estratégico, o simplemente de establecer a Arica como frontera de resguarda de la potente producción salitrera en Tarapacá. Lo cierto es que el Estado y las elite dominante buscaron múltiples formas para mantener el territorio en su poder, afectando, y era de esperarse, las relaciones propias de la sociedad ariqueña-tacneña y capaz subalternas (fueran estos chilenos, peruanos, o incluso bolivianos). Los conflictos sociales enmarcados en el discurso oficial nacionalista de los respectivos países mermó buena parte del quehacer cotidiano de la población local, tanto en los puertos y zonas urbanas como en los valles y pueblos del interior, tanto en la población que habitaba Tacna, así como la residente en Arica. La historia regional producida recientemente a dado cuenta de toda la trama social sufrida por un conflicto que no era el nuestro, sino de las elites de Santiago y Lima, por intereses que no eran los nuestros, sino, en muchos casos, de capitales extranjeros residentes en Europa, y sus resultados, con diferentes gradualidades, fueron tremendos para nuestra población: revueltas y turbas populares en las localidades de hinterland (sierra, precordillera y altiplanicie), mítines propagandistas ultra nacionalistas, formación de ligas patrióticas y mazorqueros (organizaciones ultra nacionalistas) en el extremo norte chileno, persecución a dirigentes y ciudadanos acusados de ser pro-peruanos, comunidades indígenas desarticuladas por divisiones de tierra, familias enteras separadas después  de la división del territorio, etc.

En términos políticos, la contienda diplomática por Tacna y Arica no tuvo, además, una resolución genuinamente ciudadana. A decir de las formulaciones hechas en el tratado de Ancón de 1883 que disponía a ambos países para resolver la tutela del territorio mediante un plebiscito, lo cierto es que ésta se resolvió sin ningún ápice democrático, es  decir, sin ninguna fórmula de expresión ciudadana, y la soberanía de los territorios en disputa finalmente se definió en Santiago y en Lima, bajo la mirada vigilante del arbitraje estadounidense. En este sentido, por lo menos en lo que respecta al proceso de hegemonización chilena del territorio, durante el periodo que duro la disputa diplomática por Tacna y Arica, casi cincuenta años aproximadamente, la elite dominante no expresó en términos institucionales ninguna voluntad por generar espacios democráticos entre la ciudadanía. Más allá de las dinámicas existentes en los pueblos del interior (lugares a los que muchas veces la presencia de representantes del Estado se hacía bastante esporádica) en los que la voluntad popular se podía canalizar mediante juntas vecinales, o más allá de la formación de diferentes sociedades benéficas existentes en aquel entonces (algunas con claros tintes nacionalistas, otras con intereses mucho más filántropos), lo cierto es que durante el proceso que duró la disputa diplomática por el territorio la ciudadanía no pudo decidir el futuro de la misma (es decir: resolver la conveniencia de adscribirse al territorio chileno o peruano) y mucho menos expresar su sentir soberano para escoger a autoridad alguna para representarse a sí misma (salvo raras excepciones), por lo que en su mayoría las autoridades en sus diferentes facetas fueron escogidas a dedo, bajo el cálculo de la elite dominante. El Arica de finales del siglo XIX y principios del siglo XX comenzaba así a desarrollar su historia social y política sin democracia, sin ejercicios auto convocantes de soberanía, y subordinada al interés de la clase dominante en Santiago (y sus representantes locales en la región, en su mayoría autoridades institucionales) y sus disparidades con la elite limeña. Concluido el conflicto, y sin importar nuestra larga tradición de convivencia económica, social y cultural, las elites dominantes de ambos países, al amparo del Tratado de Lima de 1929, simplemente dividieron el territorio en dos, y consigo la historia de dos pueblos con una misma identidad regional. No importó familia alguna, sujeto, hombre o mujer que contraviniera aquello: el devenir ya se había escrito con la pluma y tinta de los poderosos.


II

Casi ochenta años después, aproximadamente, de resuelto el conflicto territorial, hoy la disparidad entre países, canalizada a partir de la judicialización del conflicto limítrofe marítimo (el triángulo exterior) en la Corte Internacional de La Haya, vuelve a enaltecer los ánimos entre los habitantes de los respectivos países, con relatos más o menos acomodados según los intereses particulares de las respectivas elites de Perú y Chile. Fuera de cuestiones como la defensa del territorio (o del mar) por el que murieron nuestros valientes soldados en la gesta heroica, u otras abstracciones románticas promovidas a partir de los discursos nacionalistas y chovinistas, lo que aquí realmente está en juego es el asunto de los recursos naturales, y su traducción a mercancías extractivas rentables.

Respecto al asunto marítimo hoy latente, una vez finalizado el conflicto diplomático por Tacna y Arica, las elites dominantes, mucho más preocupadas de la soberanía territorial (sobre todo en lo que atañe a los recursos del suelo y subsuelo: minerales, recurso hídrico, etc.), olvidaron resolver el asunto de la frontera marítima, algo que por aquel entonces no tenía mayor importancia (salvo en lo que respecta a la salida al mar para Bolivia, cuestión que desde luego, tampoco se resolvió). No obstante eso, ya a la segunda mitad del siglo XX y a principios del siglo XXI los recursos marítimos codiciados, sobre todo por la gran industria pesquera, volvieron a salir a la palestra como asunto de soberanía nacional.

Una descripción geográfica general del sector occidental sudamericano sugiere que específicamente en las costas chilenas, peruanas, y una pequeña parte de las costas ecuatorianas se benefician de la gran variedad ictiológica que entrega la corriente fría de Humboldt bajo el denominado  proceso de surgencias, el cual   posibilita la proliferación de una gran biodiversidad marina. Gracias a la disponibilidad de estos recursos, los Estados, tanto el chileno como el peruano, han impulsado políticas que en el tiempo provocaron cambios radicales en el paisaje productivo del litoral que compartimos. Bajo la tesis del mar patrimonial, los estados han expandido su jurisdicción territorial marítima buscando la apropiación de los recursos del mar, del suelo y subsuelo. Estas intenciones comenzaron a tomar mayor peso y relevancia con la formación de la Comisión Permanente sobre Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacifico Sur, iniciada el año 1952, al cual se adscribieron Chile, Perú y Ecuador. La consolidación de una industria pesquera, tanto en el norte de Chile como en el sur peruano, paulatinamente fue desplazando antiguos modos de extracción artesanal, remplazándolos por otros modos  más agresivos e irracionales, afectando de este modo al bioma marino, el cual a los años no tardó en traer consecuencias negativas para el medio natural, y como perjuicio final, los grandes afectados terminaron siendo los pescadores artesanales de ambos países. Los discursos desarrollistas esgrimidos desde los anhelos de las clases dominantes, promovieron la extracción de grandes volúmenes de recursos marinos, siendo esta política, hoy en día, la principal culpable de la degradación ambiental que se manifiestan tanto en el litoral de Chile como en el de Perú.

Pero la disputa por los recursos del mar de esta región es sólo una parte del extraño umbral por el que los dueños de ambos países nos quieren encausar mediante la lógica del conflicto (o relación amigo/enemigo). Como ya hemos dicho, el mar, el suelo y subsuelo también son aéreas relevantes para las economías nacionales, dado los recursos que en éstas se encuentran, recursos que, convertidos en mercancía, ensanchan la bolsa acumulativa de capital de las familias más poderosas de Santiago y de Lima.

En lo referido a los recursos del suelo y subsuelo, actualmente comunidades indígenas, campesinos, sindicatos, organizaciones ciudadanas, etc., han desplegado una importante lucha de oposición y denuncia respecto de las actividades de la gran industria minera, tanto en Chile como en Perú, dada las nocivas consecuencias ambientales que esta provoca, pero principalmente por el excesivo consumo de grandes volúmenes de agua que se utilizan para dicha actividad, hecho  que finalmente termina generando una alta presión y demanda sobre nuestro propio ecosistema. La Cordillera de los Andes, como casi todas las montañas del mundo, cumplen una función importante actuando como gran reservorios de agua dulce para la población y la agricultura, pero para los grupos de interés residentes en ambos países, muchos promovidos por capitales extranjeros venidos desde el primer mundo, ésta es también un área poseedora de grandes recursos mineros que “deben” ser explotados. Las políticas emprendidas durante la dictadura militar chilena, por ejemplo, se caracterizaron por construir una legislación a la medida de los intereses de los grandes empresarios y transnacionales, las cuales continuaron siendo fortalecidas en los posteriores gobiernos de la Concertación (hoy Nueva Mayoría), consolidándose  de esta manera la integración de la economía nacional al mercado global, teniendo como principal protagonista la exportación de grandes recursos mineros. Es en este contexto que, desde hace ya  un tiempo,  se vienen  impulsando en nuestra región este tipo de actividades extractivas  como uno de los ejes primordiales en materia de desarrollo regional, la cual no ha estado exenta de críticas por parte de la  población local.

A decir de lo anterior, los conflictos socio-ambientales ligados a la actividad minera que se han desarrollado en Arica y Parinacota son variados, pero dentro de los más representativos, y por cierto, repudiados, podemos encontrar: Proyecto minero Los Pumas (minera Hemisferio Sur.   S .C. M) ubicado a 15 kilómetros del poblado de Putre y a 200 metros del río LLuta; Proyecto minero Catanave (Southern Coppen Corporation) ubicado en el Parque Nacional Lauca; Minera Olga en Chapiquiña; Acopios de polimetales en la ciudad de Arica y  Copaquilla; BHP Billinton en Codpa; Entre otras. En este mismo sentido, el sur peruano es uno de los territorios  más golpeados por la actividad minera, la cual ha despertado una serie de conflictos entre comuneros y organizaciones campesinas en contra de las compañías, muchas de ellas transnacionales. Solo en Tacna podemos encontrar: Proyecto Pucamarka (de la empresa Minsur); Proyecto Quellaveco (de Anglo American); Proyectos Toquepala y Candarave (ambos de la Southern Coppen Corporation); entre otros más. La inversión de empresas como Anglo American y Souther Copper Corporation en el sur peruano ha sido tan grande que ambas ya han gestionado diversas faenas en ejecución hoy dispersas por Tacna, Moquegua, Puno y Arequipa. Según el informe especial sobre operaciones de Sourthern Copper Corporation en el sur peruano, elaborado por el Observatorio de las Empresas Transnacionales (OET) en el 2008, la compañía minera sería actualmente la principal gestora del deterioro natural de esta zona, ya que ha ejercido una gran presión sobre los recursos hídricos de las cuencas del Locumba, Moquegua, Sama y Caplina. Esta compañía, además, sería  responsable de la disminución en las napas freáticas de la zona de Titijiones, Huaitire y Gentilar, de la contaminación por metales pesados en la bahía de Ite, además del deterioro de la calidad del aire por la emisión de gases sulfurosos que emite su refinería en Ilo, resultando un grave costo para la salud de los habitantes del vecino país. En el caso específico de Tacna, el conflicto ha tomado tales proporciones que algunos pobladores han denominado a la provincia de Candarave el epicentro de la desertificación, haciéndose en este sector la convivencia con la actividad minera prácticamente imposible.

Como vemos, las trasnacionales, aliadas con los grupos de interés de nuestros respectivos países, han buscado sistemáticamente la forma de dominar el territorio, conforme estos sean lugares prácticos para las actividades extractivas que estos ejercen. Como antaño, la minería, los recursos hídricos, los puertos y el mar siguen siendo factores económicos importantes dentro de las dinámicas productivas, tanto en el presente como en el futuro. No obstante, como hace cien años atrás, los ejes estratégicos para todas estas formas de producción, nunca han sido consultados a la ciudadanía, nunca han sido, ni en Arica ni en Tacna, asimilados dentro de un proceso democrático y participativo, y por consiguiente, las decisiones han seguido tomándose desde Santiago y desde Lima. Ariqueños y tacneños nunca hemos podido decidir el futuro político y económico de nuestras localidades, de nuestros territorios, de nuestra región fronteriza.



III

El conflicto limítrofe marítimo entre Chile y Perú en La Haya hoy ha hecho visible, por lo menos mediáticamente hablando, la realidad de las regiones de Arica y Tacna, ciudades que más allá de las rencillas históricas heredadas desde el tiempo de la guerra del Pacífico, han sabido convivir con hermandad y genuina amistad, pese a todo el acontecer belicoso que, como hoy, tantas veces reaparece en las cabezas de los chovinistas y patriotas de cartón. Sin embargo, la praxis soberana en este territorio, por lo menos en lo que respecta al área marítima, tampoco ha sido ejercida por nosotros en términos de ocupación y pertenencia. Pese a todos los lugares comunes por los que hoy divagan los agitadores patrioteros, lo cierto es que buena parte del área en disputa no pertenece a los chilenos, mucho menos a los ariqueños, sino al grupo Angelini, una de las familias más poderosa de nuestro país. El triángulo marítimo que hoy se disputa representa un treinta por ciento de los negocios de Corpesca, empresa del mismo grupo económico, razón por la cual la familia Angelini ha asesorado a la Cancillería chilena, aportando datos para la defensa de sus millonarios intereses. Ni siquiera los pescadores artesanales del puerto de Arica, quienes probablemente son los reales afectados y los más perjudicados por el conflicto, han sido tan considerados por los gobiernos de turno como lo ha sido el grupo Angelini. Esto demuestra que, más allá de la poesía romántica que se esgrime desde los idearios patrios y nacionalistas, elemento muy enraizado en la mentalidad dominante, la realidad concreta no entiende de diferencias identitarias ni mucho menos de banderas nacionales; solo reconoce el poder del dinero, y obviamente, de quien lo posee. Las relaciones identitarias que se articulan estructuralmente desde arriba, es decir, los nacionalismos oficiales, solo logran impregnar el contenido del bajo pueblo si es que primeramente lo mantiene divido.

Tacna y Arica han sido divididas históricamente por Santiago y Lima, y en este sentido tal división a sido útil a los intereses de la elite, la aristocracia y la burguesía nacional. La sociedad ariqueña compuesta por trabajadores, campesinos, agricultores, migrantes de la altiplanicie, del sur de Chile, del sur peruano, afrodecendientes, familias aymaras, etc., somos un solo pueblo que ha aprendido a convivir mediante el respeto y la solidaridad entre unos y otro. Bajo esta lógica es importante recalcar que los principales enemigos de nuestro pueblo no son los peruanos, ni los bolivianos, ni los santiaguinos, etc., sino todos aquellos que hoy se benefician de las dinámicas de la explotación que ha perpetuado las condiciones de desigualdad en la que hoy se encuentra nuestros compatriotas, nuestros vecinos, nuestro pueblo ariqueño. Los que han perpetuado este modelo de injusticia, tanto en Santiago como en Arica, los que han avalado las lógicas de este modelo capitalista barbárico que nos mantiene en condiciones miserables, los que han legislado y defendido este modelo neoliberal y sus consecuencias (privatización de la salud, de la educación, de la vivienda, de los servicios básicos, saqueo de nuestros recursos naturales, etc.), ellos son los reales enemigos de nuestra gente, ellos son los reales enemigos del pueblo.

Como Colectivo Ayni queremos concluir diciendo que es necesario recuperar, mantener y fortalecer nuestros lazos de hermandad entre ariqueños y tacneños, así como con todos los sectores pertenecientes al mundo popular, al mundo de los dominados, tradición que hoy día se vuelve nuestra real fortaleza ante la vorágine de la explotación irracional que yace latente bajo sombra de este modelo económico imperante. Solo así podremos asumir la construcción de un mejor futuro. Solo así podremos, el día de mañana, recuperar la soberanía que hoy no tenemos (arrebatada durante  la dictadura militar hasta hoy en día), la soberanía de nuestro territorio, de nuestros recursos, de nuestra gente. Cuando Arica se empodere y rompa su posición periférica (pensamiento situado desde la sumisión), el futuro será hermoso para todos nosotros. Cuando Arica y Tacna rompan el cerco comunicacional de los poderosos que hoy bombardean, con mensajes chovinistas, la mente de nuestra gente y se atrevan a recuperar su dignidad, es decir, su amor propio, solo entonces el futuro verdaderamente será de nosotros, del pueblo trabajador.

¡Viva la hermandad entre Chile y Perú! ¡Viva la unidad latinoamericana!
¡Arriba los pueblos de Tacna y Arica! ¡Arriba l@s que luchan!

domingo, 2 de febrero de 2014

Declaración de Principios del Colectivo Ayni.


El “Colectivo Ayni” nace como una agrupación de estudiantes y egresados de la Universidad de Tarapacá que al calor de las diferentes expresiones y formas de lucha, gestadas tanto a nivel local como nacional (durante las jornadas de protesta social de los años 2006, 2008, 2010, 2011, y 2013 en adelante), asumen el compromiso de forjar una plataforma que articule las diferentes luchas de nuestro(s) pueblo(s), estableciendo, desde un posicionamiento anticapitalista, los elementos necesarios para generar un proceso emancipatorio, con perspectiva de cambio social, y con vocación de poder popular. En este sentido los integrantes del Colectivo Ayni, asumiendo el acumulado histórico de nuestra propia  experiencia de lucha en el campo estudiantil y popular, enmarcamos nuestros ejes de acción en los siguientes objetivos:

1.- Comprendiendo el inminente rol de agente de cambio social que hoy día conforma el estudiantado chileno, como colectividad asumimos la necesidad de articular las diferentes expresiones de lucha existentes en éste campo, en base a los elementos primordiales que constituyen los pilares fundamentales de la primera (1918) y segunda (1968) Reforma Universitaria, defendidos históricamente por el estudiantado chileno y latinoamericano: Educación libre, gratuita y de calidad; autonomía política universitaria; libertad de cátedra; extensión universitarias; y democratización de la institucionalidad y del gobierno universitario (co-gobierno). Siguiendo estas líneas y comprendiendo su valor medular como principios del movimiento estudiantil, hacemos  la lectura de que estos elementos son primordiales en un sentido estratégico para abrir, de una vez por todas, la universidad al pueblo trabajador y popular.

2.- En razón de las diferentes lecturas que sacamos como sector ligado al campo estudiantil, también asumimos la necesidad de articularnos con las diferentes expresiones de lucha que se desarrollan en estos momentos en el país: tanto a nivel local, a nivel regional, así como nacional. Comprendemos como un imperativo de vital importancia la necesidad de emprender,  desde ésta plataforma, una posibilidad real de vínculos multisectoriales con miras a reivindicar las luchas de los explotad@s y oprimid@s, y hacer nuestro los embates de la injusticia y el deseo de dignidad que anhelan trabajador@s, poblador@s, campesin@s, pueblos indígenas, mujeres y hombres, etc., en(de) esta zona. Creemos que en tanto sus luchas y demandas sociales nos inviten a cuestionar el actual estado de cosas (las contradicciones del capitalismo), éstas se vuelven insumos originales y altamente necesarios para el enriquecimiento de nuestras y de todas las luchas del pueblo.

3.- Dicho lo anterior, nuestro gran énfasis va dirigido a la necesidad real de hacer converger las luchas, tanto del campo estudiantil así como las del mundo popular en sus diferentes facetas, a modo de construir desde nuestra propia praxis la fuerza masiva y creadora capaz de enfrentarse al régimen vigente desde ésta parte del territorio nacional: nuestro norte. Por estas razones delineamos la necesidad de trabajar desde temáticas como las de género, la educación popular, conflictos socio-ambientales, las problemáticas de los pueblos originarios, entre otros aspectos más que, pese a la diversidad de hilos conductores y escenarios complejos, creemos son parte de un mismo problema medular tanto en Arica como en Chile, y que se sintetizan en la crisis del actual régimen económico y político del país. Bajo esta lógica, como contraportada, surge en el seno de nuestras poblaciones, sindicatos, asambleas estudiantiles, ciudadanas, etc., la necesidad de establecer plataformas sociales amplias que logren desafiar al status quo y establecer una alternativa al actual estado de cosas imperantes en esta sociedad neoliberal. Nuestra vocación como sujetos y actores en esta realidad es la de tomar partido en pos de los procesos de cambio social que Chile necesita.



Por estas razones, es que nuestro colectivo estudiantil “AYNI” busca ser un agente activo y protagonista de las distintas dinámicas liberadoras de nuestro(s) pueblo(s) tanto a nivel local como nacional, apelando por sobre todo a la reciprocidad, horizontalidad y solidaridad como principios fundamentales de nuestra praxis política, valores que a su vez son herramientas creadoras, emancipatorias y autogestionarias, capaces de delinear el avance en dirección a las reales trasformaciones necesarias que como sociedad gritamos a los cuatro vientos. De esta manera, saludando a todos los herman@s que quieran hacer suyas estas ideas, principios y valores, deseamos extender la invitación a quienes comprendan la necesidad y urgencia de generar un trabajo real, concreto y articulado a nivel interno en nuestros espacios universitarios, acorde a las necesidades que nuestra sociedad demanda.


Arica Marka, verano del 2014.

Objetivos del Colectivo Ayni.




Objetivo General:

Generar una plataforma estudiantil y social amplia que comprenda una alternativa anticapitalista y con vocación de poder popular en el extremo norte de Chile.


Objetivos Específico:

1.- Articular las expresiones de lucha del estudiantado a nivel universitario (UTA).

2.- Articula las expresiones de lucha a nivel local y regional (Arica y Parinacota, Norte de Chile).



3.- Articular la convergencia de las diferentes luchas gestadas en la región (con vocación de construir Poder Popular).